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Los Platos Rotos

C uando el General Bussi se presentó en democracia como candidato a gobernador de Tucumán, el único diario de la provincia —La Gaceta, de los García Hamilton— llenó sus páginas con elogios al represor. Bussi y la dictadura no eran ya los responsables del desastre, sino los políticos de la democracia. La Gaceta, que tenía históricos vínculos ideológicos y económicos con la dictadura, no cesó de halagar a Bussi hasta consagrarlo gobernador. Así como La Gaceta convenció a la población tucumana (que estaba muy dispuesta a ser convencida) de que Bussi era un administrador honesto e incorruptible, así también Clarín y la Nación contaminaron el agua que todos consumen diciéndole al país que Cristina era el demonio encarnado y Macri la salvación, el antídoto. Los grandes grupos económico-mediáticos contaminan el agua y venden el antídoto. Macri no es Bussi, pero su proyecto económico, social y las campañas de apoyo que los medios le garantizan tienen algunas espantosas similitudes. Sin embargo...

Juan se iba por el rio

  Escribir sobre Juan Pablo es complicado porque de alguna manera había muchos Juan Pablos. Había un Juan Pablo arquitecto, al que le encantaba estar en la calle, en las plazas, hablar con los vecinos, socializar. Pero tambien había un Juan Pablo volcánico, impaciente, sin diplomacia que perdía los estribos en segundos, había muchos. Había un Juan Pablo atrapado en una guerra contra la diabetes, una guerra en la que cambiaba las reglas según el menú o las conveniencias, donde su motto era “lo bueno del dulce de leche con 50% menos de azúcar es que uno puede comer el doble...” Entre todos estos Juan Pablos tuve la suerte de dar con uno que me devolvió algo que yo había perdido: conocí a Juan Pablo en su exilio, en 1981 en Barcelona. Yo tenía diez años y el era el hermano de Máximo, mi padre desaparecido en Tucuman en 1975. Pero éste era un tema del que en mi casa no se hablaba. Habían transcurrido cinco años desde el secuestro de mi padre y todavía nadie se animaba a decirme la verd...

El mártir

Años después de haber encabezado un genocidio del que casi escapó impune, Videla tuvo que enfrentar el mal trago de ser encarcelado por sus crímenes. Videla fue el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas en 1976, una ensalada de psicópatas que germinaron en el desprecio militar hacia la sociedad civil, esa sociedad “enloquecida” a la que los uniformados “encarrilaban” con cierta regularidad. De este caldo de cultivo surgieron Bussis, Masseras, Menéndez y otras criaturas, los perros locos de la dictadura. Videla tenía otro estilo. El era un santulón capaz de coordinar un programa de asesinatos y creer al mismo tiempo que esto lo congraciaba con su dios, paradójicamente el dios del “no matarás”. Cuando llegó el escarnio, Videla recreó para sí mismo una tragedia mítica en la cual él era un héroe-mártir condenado por aquellos a quienes había salvado. Fiel a su patología, Videla se creyó un Cristo con uniforme militar que era arrastrado en un vía crucis de juzgados. Padeció bajo el poder ...

El Espejismo

En 1987, apenas cuatro años después del retorno a la vida democrática, regresó a Tucumán y se presentó como cabeza de lista por un partiducho que nadie conocía. Obtuvo inmediatamente cerca del 18 por ciento de los sufragios. Los partidos tradicionales se escandalizaron sin derecho: Bussi gozaba de la impunidad que ellos mismos le habían garantizado. La debacle política de Tucumán le dio un empujón y en noviembre de 1989, cuando se realizaron las elecciones provinciales para elegir convencionales constituyentes, el bussismo obtuvo más del 55 por ciento de los votos. En las elecciones de 1991, Antonio Domingo Bussi ya pisaba fuerte y compitió contra un invento político del menemismo que buscaba frenar su crecimiento: Palito Ortega. Menem comprendía perfectamente que el triunfo de Bussi podía resultar en una proyección a nivel nacional y un buen dolor de cabeza para su propio gobierno. Bussi perdió esas elecciones, pero en 1995 se presentó nuevamente, derrotando al candidato del peronismo...

El respeto a la ley (En el ojo ajeno)

El 9 de julio del año 2002, al celebrarse un nuevo aniversario de la declaración de la independencia argentina, el arzobispo Luis Héctor Villalba ofreció una homilía en la iglesia catedral de Tucumán. Ésta se caracterizó por la fuerte acusación de corrupción hacia la clase política y dirigente del país. El arzobispo recordó que cada 9 de julio se celebra un nuevo aniversario del nacimiento a la vida libre como nación y que, desde sus orígenes, Argentina creció bajo el signo del catolicismo. En sus palabras, aquel congreso que en Tucumán declaro la independencia, estaba definido por estos dos rasgos fundamentales: “Era patriota y era religioso, en el sentido riguroso de la palabra; es decir católico”.  Luego sostuvo que “estamos ante una nueva etapa histórica en nuestra patria. Así como la Iglesia estuvo presente en sus albores, hoy quiere estar presente en este proceso, enseñando a leerlo desde el Evangelio” (...) “Entre los muchos momentos difíciles que hemos vivido en nuestra pat...

Macondo Argentino

En mayo de 1967, el escritor colombiano Gabriel García Márquez publicó su ya famosa novela ‘Cien años de soledad’. La acción transcurre en la imaginaria ciudad de Macondo, donde realidad y fantasía parecen no encontrar límites definidos. El estilo de García Márquez, exagerado y abundante en hipérboles, crea ambientes mágicos, a veces absurdos. Desde entonces la palabra Macondo se ha convertido en un lugar común cuando periodistas y escritores describen los extremos de la política latinoamericana.  La provincia de Tucumán, en el noroeste de Argentina, pareciera decidida a ganar el título de ‘Macondo argentino’. En la empobrecida Tucumán, donde la corrupción es una regla más que una excepción, cuidar las apariencias puede ser tan importante como la vida. Poco meses atrás, cuando un pianista internacional promediaba un concierto en el teatro provincial el gran piano colapsó. El diario tucumano ‘La Gaceta’ cubrió este incidente como un injustificable escándalo. Como resultado, la provi...

El Mismo Diecinueve

Estimado Máximo Jaroslavsky: Quisiera hacerte llegar mi solidaridad, pero esto es imposible ya que te escribo desde el 19 de noviembre del 2005, 30 años después de que fuiste secuestrado por las Fuerzas Armadas argentinas. Dondequiera que hayas estado, deseo transmitirte unas palabras que te ayuden a sobrellevar esta tremenda injusticia. Vas a transitar un infierno, tus captores te torturarán todo lo que les plazca y lamento sinceramente que ver crecer a tus hijos sea un sueño que no cumplirás. Estos militares que te mantienen secuestrado, como pronto descubrirás, van a asesinarte. Quiero que sepas de mi condena a estos asesinos, que luego ocultarán tu cadáver y enseñarán –sin dar explicaciones– a sospechar de tu nombre. Tu muerte nos impedirá todo: haber hablado, habernos enfrentado e incluso, muy probablemente, habernos querido. Lamentaré estos vacíos que dejará tu ausencia pero hoy, comparando mi suerte con la tuya, me siento afortunado. Guardaré con ternura tus fotos, un puñado de ...