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Entradas

La Cachetada

A unas pocas cuadras de la Escuela de Música de la Universidad existía un café con enormes ventanales que se llamaba El Buen Gusto. Hacia el fondo, en el vientre de ese café, había una mesa que parecía un conjunto escultórico. A diferencia de todas las demás, llenas de charlas y movimiento, esta mesa apartada era un fogón de seres inmóviles alrededor de un fuego ficticio. Todo era silencio hasta que un jugador movía el peón equivocado y allí estallaba la desaprobación o el aplauso. En ese Tucumán de fines de los ’80, donde la enorme mayoría de mis maestros y vecinos había votado a Bussi como gobernador, esa mesa era un rincón mágico al que yo, con mis 18 o 19 años, me escapaba en las horas muertas que quedaban entre las materias del conservatorio. Todos eran mucho mayores que yo. Sin embargo, tras un prolongado tiempo pagando derecho de piso como ‘observador’, lentamente y con mucho esfuerzo me fui convirtiendo en un pésimo jugador, como todos los demás, y así me gané la entrada a ese ...

Y que cumplas muchos más...

Una reflexión sobre las fake news a partir de una foto atribuida a la viuda de Mozart Mientras espero en el corredor mi turno con el oculista, leo en Facebook numerosos mensajes y deseos de feliz cumpleaños a Horacio Verbitsky. El que deseaba poner a este cumpleañero (junto a otros periodistas) en un ‘cohete a la luna’ seguramente estará maldiciendo la hora en la que se le ocurrió esa brillante idea. En febrero El Cohete desnudó una vez más la putrefacción de este plan desenmascarando a sus autores con videos, audios y capturas de pantalla a todo color. Horacio celebró sus flamantes 77 años convirtiéndose quizás en una de las mayores piedras en el zapato de este plan. Una enfermera se acerca, me pone unas gotitas que arden como limón para dilatar mis pupilas y mientras espero le envío un email sumándome a los saludos. Recuerdo que cuando Horacio terminó de inundar la denuncia con pruebas, tuvo tiempo para mencionar a Mozart en la sección La Música Que Escuché Mientras Escribía, un rinc...

Cohete Musical

Todos los domingos temprano, antes de que mi pareja y los chicos despierten, leo los diarios. Cuando uno se adentra en los cuarentas la vida comienza a poblarse de pequeños rituales. Algunos simpáticos, otros no tanto. Todos los domingos, cuando termino de leer la nota de Horacio Verbitsky en El Cohete, como si fuera un Sertal para digerir ‘las últimas aventuras del malón mafioso’, me tomo “La música que escuché mientras escribía esta nota”. Hoy, apenas abrí el enlace, me sorprendió una simpática coincidencia: toda esta semana trabajé con las Variaciones Goldberg. Y no fui el único. Vivo desde hace más de 18 años en una pequeña ciudad en el norte de Inglaterra. Paso al menos ocho horas todos los días en mi estudio entre alumnos y mis pinturas, aunque todavía me cuesta decir que soy pintor. Estoy terminando un retrato que empecé hace unos meses atrás. Es el momento de los detalles, mate y las Variaciones Goldberg en el fondo. El jueves me preguntaba cómo se incorporó el nombre Goldberg ...

Los Platos Rotos

C uando el General Bussi se presentó en democracia como candidato a gobernador de Tucumán, el único diario de la provincia —La Gaceta, de los García Hamilton— llenó sus páginas con elogios al represor. Bussi y la dictadura no eran ya los responsables del desastre, sino los políticos de la democracia. La Gaceta, que tenía históricos vínculos ideológicos y económicos con la dictadura, no cesó de halagar a Bussi hasta consagrarlo gobernador. Así como La Gaceta convenció a la población tucumana (que estaba muy dispuesta a ser convencida) de que Bussi era un administrador honesto e incorruptible, así también Clarín y la Nación contaminaron el agua que todos consumen diciéndole al país que Cristina era el demonio encarnado y Macri la salvación, el antídoto. Los grandes grupos económico-mediáticos contaminan el agua y venden el antídoto. Macri no es Bussi, pero su proyecto económico, social y las campañas de apoyo que los medios le garantizan tienen algunas espantosas similitudes. Sin embargo...

Juan se iba por el rio

  Escribir sobre Juan Pablo es complicado porque de alguna manera había muchos Juan Pablos. Había un Juan Pablo arquitecto, al que le encantaba estar en la calle, en las plazas, hablar con los vecinos, socializar. Pero tambien había un Juan Pablo volcánico, impaciente, sin diplomacia que perdía los estribos en segundos, había muchos. Había un Juan Pablo atrapado en una guerra contra la diabetes, una guerra en la que cambiaba las reglas según el menú o las conveniencias, donde su motto era “lo bueno del dulce de leche con 50% menos de azúcar es que uno puede comer el doble...” Entre todos estos Juan Pablos tuve la suerte de dar con uno que me devolvió algo que yo había perdido: conocí a Juan Pablo en su exilio, en 1981 en Barcelona. Yo tenía diez años y el era el hermano de Máximo, mi padre desaparecido en Tucuman en 1975. Pero éste era un tema del que en mi casa no se hablaba. Habían transcurrido cinco años desde el secuestro de mi padre y todavía nadie se animaba a decirme la verd...

El mártir

Años después de haber encabezado un genocidio del que casi escapó impune, Videla tuvo que enfrentar el mal trago de ser encarcelado por sus crímenes. Videla fue el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas en 1976, una ensalada de psicópatas que germinaron en el desprecio militar hacia la sociedad civil, esa sociedad “enloquecida” a la que los uniformados “encarrilaban” con cierta regularidad. De este caldo de cultivo surgieron Bussis, Masseras, Menéndez y otras criaturas, los perros locos de la dictadura. Videla tenía otro estilo. El era un santulón capaz de coordinar un programa de asesinatos y creer al mismo tiempo que esto lo congraciaba con su dios, paradójicamente el dios del “no matarás”. Cuando llegó el escarnio, Videla recreó para sí mismo una tragedia mítica en la cual él era un héroe-mártir condenado por aquellos a quienes había salvado. Fiel a su patología, Videla se creyó un Cristo con uniforme militar que era arrastrado en un vía crucis de juzgados. Padeció bajo el poder ...

El Espejismo

En 1987, apenas cuatro años después del retorno a la vida democrática, regresó a Tucumán y se presentó como cabeza de lista por un partiducho que nadie conocía. Obtuvo inmediatamente cerca del 18 por ciento de los sufragios. Los partidos tradicionales se escandalizaron sin derecho: Bussi gozaba de la impunidad que ellos mismos le habían garantizado. La debacle política de Tucumán le dio un empujón y en noviembre de 1989, cuando se realizaron las elecciones provinciales para elegir convencionales constituyentes, el bussismo obtuvo más del 55 por ciento de los votos. En las elecciones de 1991, Antonio Domingo Bussi ya pisaba fuerte y compitió contra un invento político del menemismo que buscaba frenar su crecimiento: Palito Ortega. Menem comprendía perfectamente que el triunfo de Bussi podía resultar en una proyección a nivel nacional y un buen dolor de cabeza para su propio gobierno. Bussi perdió esas elecciones, pero en 1995 se presentó nuevamente, derrotando al candidato del peronismo...